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El ángel de ‘Vida’

​​​​​​​​​​“La voz narradora, sofisticada, económica y precisa es la de un personaje femenino duro, nihilista y sumamente verosímil con una mirada sin condescendencia por sí mismo ni por el mundo que lo rodea. Este libro tiene temas y personajes construidos a partir de una fuerte contemporaneidad”: Acta del jurado del tercer Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, que entregaron EAFIT, Grupo Familia y Caracol Televisión a la escritora colombo estadounidense Patricia Engel por su libro Vida.

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​Ana Cristina Restrepo Jiménez
Docente del Departamento de Comunicación Social de EAFIT

Mujer, hija de inmigrantes colombianos, desconocida en el círculo literario nacional. Escribe en inglés. Habla el castellano muy bien, eso sí, con cierto acento anglo-americano salpicado con inflexiones paisas.

Precisa en la palabra y reservada en el gesto, Patricia Engel García es la autora de Vida, la obra merecedora del tercer Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana (PBNC), que entregaron EAFIT, Grupo Familia y Caracol TV la noche del 25 de enero de 2017 en el Auditorio Fundadores de la Universidad.

Después de las dos primeras ediciones del evento, en la cuales el PBNC fue otorgado a un par de autores reconocidos en el mundo editorial como Juan Esteban Constaín (El hombre que no fue Jueves) y Andrés Felipe Solano (Corea: apuntes desde la cuerda floja) sería posible asumir que la entrega del galardón a los cuentos de Patricia Engel fue un acto de corrección política. Los otros finalistas que compitieron con la autora fueron Ricardo Silva Romero (postulado por segundo año, esta vez con Historia oficial del amor) y Santiago Gamboa (Volver al oscuro valle).

el-angel-de-vida.jpgSin embargo, esa sospecha es controvertible: por una parte, no hubo unanimidad entre el jurado; y por otra, la lectura de cualquiera de los nueve relatos de Patricia Engel le permite comprender al lector que está frente a una escritora que domina la técnica narrativa, cuya mirada está suficientemente afinada para desafiar el peso y la lentitud de la cotidianidad, sin cargas emotivas ni trucos innecesarios. Sin engaños.

Dice el veredicto del jurado, presidido por la cronista argentina Leila Guerriero: “[…] No es la historia clásica de migrantes latinos en Estados Unidos, sino la de una familia de clase media ya instalada en el país, cuya problemática no pasa por los temas previsibles y varias veces contados: delincuencia, adicciones, desempleo, problemas migratorios, etc., sino por un desajuste casi existencial, sobre todo por parte de su protagonista femenina”.

Engel –ángel, en alemán– no alecciona con sus escritos ni reivindica a nadie. Sabina, la protagonista de la obra, es una suerte de alter ego intermitente) de la autora. El ángel de ‘Vida’ está en el poder las palabras, en ​mostrar a través de un relato.

La abuela Luisa

Luisa Vélez Toro nació en el seno de una numerosa familia paisa. Herbert Engel era un austríaco que había llegado a Medellín para trabajar con una gran compañía, justo antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Puesto que era judío, no pudo regresar a su país natal. Conoció a Luisa, se convirtió al catolicismo (iba a la iglesia, en Navidad se disfrazaba de Papá Noel), y se casó con ella. Se radicaron en la capital antioqueña y tuvieron nueve hijos. El primero de ellos fue Richard, el padre de Patricia.

La última casa de los abuelos Engel Vélez se ubicó en La Castellana (Medellín). Después se mudaron a los Estados Unidos. El abuelo Herbert falleció cuando Patricia tenía 12 años. Quiso un funeral como lo dicta la ​tradición judía.

Justo antes de la lectura del veredicto del PBNC, Patricia Engel subió al escenario del Auditorio Fundadores para presentar su obra ante el público. Entonces evocó la escritura de su abuela, quien jamás escribió para publicar, solo para sí misma.

“Mi abuela Luisa siempre escribía, desde muy niña. Durante su tiempo privado, escribía cartas larguísimas, muy poéticas, dirigidas a todo el mundo: a la familia que dejó en Colombia, a los parientes que habían emigrado a otros países, y a nosotros, que vivíamos cerca”.
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Engel –ángel, en alemán– no alecciona con sus escritos ni reivindica a nadie.
Sabina, la protagonista de la obra, es una suerte de alter ego (intermitente) de la autora.
El ángel de ‘Vida’ está en el poder las palabras, en mostrar a través de un relato.

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Insertaba detrás el rodillo de su máquina de escribir un “papel finísimo como cebolla”, en el que consignaba cuentos, relatos y poemas. Cuando la abuela Luisa murió, nadie supo del paradero de las cajas con sus escritos. “Algún tío las debe tener guardadas”, cavila Patricia frente a una ventana, desde la que observa la bahía de Miami (Estados Unidos). Su estudio de escritura se ubica en el undécimo piso de un edificio cercano al Downtown.​

De niña, pasaba los días dibujando, quería ser artista plástica, pero fue a través de su abuela como descubrió la lectura y la escritura. Lo demás pasó a un segundo plano.

Los padres de la escritora se conocieron en Nueva York. Su madre, Patricia García, bogotana, había llegado a la Gran Manzana con su madre y hermanas. Richard, que entonces tenía 22 años, residía en la misma ciudad con su familia.

En los Estados Unidos, la pareja trabajó en una fábrica de decoración de vidrio. Tuvieron dos hijos a quienes bautizaron con sus mismos nombres: Richard y Patricia.
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“Publicar por primera vez es muy difícil porque hay mucha competencia, muchos libros, muchos escritores. Solo puedo hablar de cómo es en los Estados Unidos”

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A Richard, el padre, siempre le ha gustado pintar, tomar fotografías, diseñar. Años atrás, las extensas jornadas laborales le impedían entregarse del todo a su pasión: “Mi papá tiene ojo para el arte en lo que sea”. Hoy, los Engel García viven en New Jersey.

Escribir para vivir (y viceversa)

A los 18 años, Patricia dejó la casa de sus padres en New Jersey. Estudió Literatura Francesa e Historia del Arte en la Universidad de Nueva York (NYU).el-angel-de-vida1.jpg

Al culminar el pregrado se mudó a París. Vivía en la casa de una condesa que alquilaba cuartos para jovencitas extranjeras. Su habitación propia, con baño compartido, ubicada en el Quartier Saint Germain, 7e arrondissement, quedaba a media hora en metro de la universidad.

Escribía sin pausa, mientras se debatía entre dos planos paralelos: sus estudios académicos y su mundo privado, aferrado a la escritura. “Escribía con una cierta inocencia, para mí, sin ser consciente de la crítica, ni de opiniones”: no albergaba la esperanza de que sus libros fueran publicados.

Patricia regresó a Nueva York, donde trabajó varios años hasta que decidió intentar hacer una vida como escritora. Ingresó a una maestría en Escritura Creativa en Miami, ciudad donde reside desde el año 2004. 

Tan pronto terminó el curso, escribió Vida: ¡descubrió que un libro suyo podía ser vendido! Solo, entonces, entendió que había comenzado su carrera profesional como escritora.

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Me encanta leer y escribir ficción porque encuentro mucha libertad. Uno tiene permiso de hacer lo que quiera con la ficción. En otras narraciones hay que ser fiel a la realidad, a las fechas, a los datos, las encuentro más rígidas.​

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“Publicar por primera vez es muy difícil porque hay mucha competencia, muchos libros, muchos escritores. Solo puedo hablar de cómo es en los Estados Unidos”. Engel continúa: “Yo lo hice de una forma bastante tradicional: empecé publicando cuentos cortos en revistas, hasta que gané un par de premios. Hice la maestría y, finalmente, unos agentes empezaron a leer mis cuentos y a interesarse por lo que yo tenía que escribir. Aquí la industria de la publicación funciona por medio de agentes literarios”.

Solía compartir sus textos con algunas amistades, antes de pasarlos a su editor. Sus libros más recientes los ha compartido con su agente, su editora, y con una amiga que “no es escritora, pero es muy buena lectora”.

el-angel-de-vida2.jpgSin embargo, Patricia dice que está tan acostumbrada a trabajar sola, que es su propia editora: “Siento de una manera muy primitiva cuando un cuento o una novela no está funcionando bien”. No conserva ningún tipo de vínculo sentimental con las obras cuando no funcionan bien.

Las tres obras de Patricia Engel están escritas originalmente en inglés: Vida (2010, traducción al español, 2016); No es amor, es solo París (2013) y Las venas del mar (2016); y han sido traducidas al español, polaco, griego y francés. Otros países angloparlantes, como Canadá e Inglaterra, venden en sus estanterías los libros de esta autora.

Vida ha recibido otros reconocimientos: fue finalista del Premio Pen/Hemingway, destacado como Notable Book por The New York Times y ganador del Florida Book Award. La obra de Engel ha recibido otros premios: No es amor, es solo París ganó el International Latino Book Award y el premio de lectoras Elle; también fue recomendado por Los Angeles Times, Time Out New York y Flavorwire. Su más reciente novela, Las venas del mar, fue nominada a mejor libro del año 2016 por el San Francisco Chronicle, Electric Literature y Entropy.

Amor al arte

“Los artistas de mi familia eran lo que yo considero artistas de verdad: hacían el arte para ellos mismos, pero no por fama ni ambición ni dinero. Lo hacían por amor al arte” …

¿Qué sucede cuando llega a la academia después de la relación sensorial y emocional con el arte que aprendió de su familia?

Los ejemplos que yo tenía de artistas en mi familia eran de gente que tenía otras carreras y hacían su arte en su tiempo libre, cuando podían. Siempre imaginé que me iba a tocar tener una carrera totalmente distinta, separada, y que iba a encontrar la forma de escribir libros en mi tiempo libre; o sea, no tenía conocimiento de la posibilidad de que uno pudiera ser un escritor de tiempo completo, de hacerlo profesionalmente.

Cuando estudia Literatura Francesa usted lee en idioma original, ¿cuáles autores conquistan su atención?

Albert Camus, Colette, Anaïs Nin, Romain Gary, Marcel Proust. Hay muchos. 

Una vez decide ser escritora, ¿cómo asume esa nueva disciplina y forma de vida? 

Disciplina nunca me ha hecho falta porque lo hacía para mí misma, podía sentarme a escribir horas y horas. Lo que me hacía falta era formación y un poco de conocimiento: aproveché los talleres y también aprendí a ser más disciplinada todavía. Hay veces, cuando la vida me permite, trato de escribir una o dos horas, pero hay veces que simplemente no puedo porque estoy viajando o tengo otros compromisos.

¿Tiene una metodología definida, una ruta más o menos constante en su proceso creativo?

Cambia. Eso cambia de libro a libro. Cuando me siento a escribir un libro, generalmente tengo una montaña de cuadernos y libros porque hago bastante investigación antes de empezar. Tomo notas, siempre los estoy mirando mientras estoy escribiendo. Por ejemplo, ahora estoy trabajando en un par de cuentos cortos y aquí tengo un cuaderno, con notas cortas,  que lo mantengo aquí, cerca. Siempre mantengo referencias, pero me enfoco en escribir y sigo escribiendo sin parar, lo más que puedo.

¿Elabora un plan de trabajo?

Antes de escribir una novela paso por mucha preparación. Trato de perfeccionar bastante el proyecto antes de empezar a escribir, por eso tomo muchas notas. Si estoy escribiendo un cuento corto o algo así, a veces empiezo con una idea muy pequeñita, arranco con eso y puedo seguir y terminar el cuento completo.

Cuando lee, ¿lo hace con el interés del aprendiz o también logra disfrutar la lectura?

Ambas. Depende: si estoy haciendo investigaciones, estoy leyendo con un propósito. Pero también me gusta leer solamente para leer.

¿Por qué dedicarse solo a la ficción?

Me encanta leer y escribir ficción porque encuentro mucha libertad. Uno tiene permiso de hacer lo que quiera con la ficción. En otras narraciones hay que ser fiel a la realidad, a las fechas, a los datos, las encuentro más rígidas. Me gusta la ficción porque es una manera de experimentar la vida. En la ficción puedes estar mirando para afuera, para adentro, para el lado, para el pasado, para el futuro, muchas cosas a la misma vez.

¿Se siente más a gusto cuando escribe novelas o cuentos?

Escribir una novela cuesta mucho más que escribir un cuento de 20 páginas. Escribir una novela puede tomar más o menos tiempo que una colección de cuentos cortos: todo depende. Mi último libro me tomó como cuatro años. Con No es amor, es solo París, me demoré dos. Con Vida, como un año y medio. Pero también hay ciertos proyectos que aparentan ser más simples, pero son más complicados para escribir. Uno no puede decir que un proyecto es más fácil simplemente por el número de páginas o por el tema: todo para mí es algo complicado, y si no fuera así no podría estar lo suficientemente interesada para terminar el proyecto. Para mí tiene que ser duro. Tiene que ser un reto o si no me aburro y lo dejo.

¿Ha tenido “abortos literarios”? ¿Qué pasa con esos textos?

[Risas] Se botan. Cuando ya me desconecto, es para siempre.

En su obra es muy evidente su interés por la cotidianidad, sobre todo del inmigrante, ¿qué tipo de temas no le interesan?

Bueno, uno no debe decir jamás, porque los gustos cambian, pero en este momento no me interesa escribir, por ejemplo, cuentos de horror. No me gustan las películas de horror porque me da demasiado miedo. Tampoco me interesa mucho la fantasía. Me gustan las cosas fantásticas, detalles fantásticos o surreales, pero no me conecto con mundos de fantasía, de ciencia ficción.

El día al día de su “otra tierra”, la cotidianidad colombiana, por ejemplo, de Medellín, ¿ha pasado por sus proyectos de escritura?

Tengo mucha familia en Medellín, he ido muchas veces. La cosa es que tengo que pensar en las cosas a las que tengo acceso; como no nací en Medellín, ni he vivido allí, siempre es limitada mi percepción. Pero me encanta Medellín y cada vez lo entiendo de una manera más profunda.

Vida no necesariamente tiene un final como conclusión, cierre o moraleja, ¿Cómo sabe que ha terminado un libro?

Por instinto. Igual: uno sabe cuando no se ha terminado, cuando no está lo suficientemente bueno y hay que regresar a revisar, a editarlo. Es puro instinto.

Algunas personas sostienen que hay literatura femenina, ¿cuál es su posición?

No sé, la verdad no pienso mucho en esas cosas ni en esos términos. A la gente le gusta ponerle nombre a todo. Yo simplemente escribo. Si me pongo a pensar en mis obras, que estoy escribiendo algo femenino, simplemente lo estoy limitando. Escribo como escribo. Pasa con mucha frecuencia que hay hombres que me dicen que se identifican mucho con mis personajes. No me conecto mucho con eso de literatura femenina: soy mujer, todos mis personajes son mujeres; y valoro mucho, me parecen fascinantes las vidas de las mujeres. Nunca hablamos de la literatura masculina, no entiendo por qué la literatura escrita por mujeres tiene que pasar por esas barreras.​

Con cierta frecuencia se escuchan críticas al mercado editorial que exige a los escritores su participación en festivales literarios que desconcentran, pero logran elevar su perfil…

Yo todavía me divierto mucho en esas cosas. Es verdad que te quitan tiempo, pero es algo muy positivo. Eso de poder compartir la literatura con los lectores y poder ir como lectora a escuchar escritores es algo que me parece muy lindo, muy especial, un privilegio que no existe en todos los países. Si tengo la buena fortuna de ser invitada, siempre trato de ir.

Vida de Engel​​​

Patricia Engel creció con la música en su familia: un tío pianista; otro, director de música clásica; su hermano Richard y algunos primos interpretan instrumentos. Ella toca melodías básicas en la guitarra.

La lista de canciones de su dispositivo incluye rock (como AC/DC o Aerosmith), salsa (La Fania All Stars o Joe Arroyo); y artistas colombianos de vanguardia en las emisoras, como Bomba Estéreo y Carlos Vives. Le gusta el reguetón, en especial El Chacal. Bach, Chopin y Debussy también caben en esta playlist.

En sus anaqueles, en su historia lectora y como escritora, destaca los cuentos de Gabriel García Márquez, y la obra de otros autores como Laura Restrepo, Jorge Franco, Santiago Gamboa, Margarita García Robayo y Juan Gabriel Vásquez.

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Hoy, se concentra en la escritura de dos nuevas obras: una colección de relatos, la segunda parte de Vida , continuación de la cotidianidad de Sabina ; y después, una novela.​​

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La ganadora del tercer PBNC ha ofrecido talleres de narrativa en la Universidad de Miami, y viaja con frecuencia para hacer el mismo ejercicio en otras u​niversidades. También participa de lecturas y presentaciones. En la actualidad, es la editora literaria de Miami Rail, una revista de cultura que se especializa en poesía, ficción, crónicas, narraciones y ensayos.

Después de haber recibido el galardón en EAFIT, Patricia Engel se esfuerza para que el triunfo no la afecte (viajes, entrevistas, compromisos inherentes a la vida de una escritora exitosa): intenta preservar su habitual aislamiento artístico y la disciplina de siempre: “Protejo mi tiempo privado para poder escribir”.

Hoy, se concentra en la escritura de dos nuevas obras: una colección de relatos, la segunda parte de Vida, continuación de la cotidianidad de Sabina; y después, una novela; cuyo ángel no estará ni en la protagonista ni en la historia… sino en las palabras, en la manera de relatar la vida.​